Miércoles 10 de Agosto del 2005; Publicado: 6:18 a.m. EDT (10:18 GMT)
Gabriel Mordecai falleció en Mayo luego de que se asfixiara con una cuerda en su recámara. |
CONSEJOS DEL PSICÓLOGO
Hable con los niños acerca de juegos peligrosos, así como lo haría acerca de fumar o tomar drogas.
Sea firme y serio en sus discusiones.
Busque por los signos de jugar al juego -- ojos enrojecidos, marcas en el cuello y puertas cerradas con llave.
PARADISE, California (CNN) -- Reflexionando en el pasado, Sarah Pacatte se da cuenta de que
ella no se fijó en los signos de advertencia.
Pero en esa ocasión, la madre de cuatro pensó que su hijo de 13 años, Gabriel Mordecai, estaba fumando mariguana. Nunca
se imaginó que él estaba poniéndose una cuerda en el cuello para asfixiarse a sí mismo y provocarse una alucinación.
"Un par de meses antes de que él falleciera, se volvió muy hóstil, muy enojón, y se quejaba de dolores de cabeza horribles,"
dijo Pacatte. "Luego comencé a mirarle los ojos enrojecidos."
Lo que lo mató en Mayo fué el "juego de la asfixia," uno de los nombres para la práctica en la cual los niños usan sus
manos, brazos, cuerdas o cinturones para cortar el suministro de oxígeno hacia su cerebro y desmayarse.
Pacatte dice que ella quiere advertir a otros padres acerca de los riesgos antes de que sea muy tarde para ellos.
"Siento un poco de enojo, pero principalmente siento desesperación y urgencia," dice ella.
Ya es muy tarde para Chelsea Dunn de 13 años de Idaho y Jason Linkins de 14 años de North Carolina, cuyas muertes en años
recientes se pensó fueron el resultado de juegos de sofocación similares.
Los detalles de cómo se juega ese "juego", solían pasarse entre compañeros de clase, ahora son difundidos en el Internet.
El hermano gemelo de Gabriel, y mejor amigo, Sam, dice que ellos lo aprendieron de un niño mayor, quien les mostró como
hiperventilarse y aplicar presión en sus cuellos.
"Es como si te desmayaras por unos segundos," explica Sam.
"Es una sensación ... como nunca la habiamos experimentado antes," dijo él, llamándola "extraña."
Pero la respuesta inicial de Gabriel fue más entusiasta, dice Sam.
"Es padre," recordando oir exclamar a su hermano.
"A mí no me gustó mucho realmente," dice él, agregando que él la hizo por presión de sus compañeros.
Cuando Sarah se dió cuenta de que sus dos hijos lo estaban jugando, les dijo que lo dejaran de hacer.
"Gabriel alegaba mucho acerca de este juego," dijo Pacatte. Ella lo recuerda diciendo, "¿Cuál es el problema? No
estoy tomando ninguna droga, no estoy bebiendo u otra cosa."
"Yo le dije, 'El problema es que cada vez que cortas el oxígeno hacia tu cerebro, le estás causando daño al cerebro
poco a poco.'"
Es muy probable que los niños han estado jugando el "juego de la asfixia" por mucho tiempo, El psicólogo pediatra
Dr. Lawrence Shapiro de Connecticut le dijo a la prensa Associated Press.
Shapiro, autor del libro "The Secret Language of Children," ("El Lenguaje Secreto De Los Niños") le dijo al AP que
los padres deben discutir estos comportamientos peligrosos con sus niños, en adición a hablar de las drogas y el alcohol.
"Los niños más pequeños no saben que pueden fallecer por esto, que es una actividad muy peligrosa," le dijo Shapiro
a la agencia de noticias.
Pero a Gabriel le encantaba la sensación, dijo su madre.
"Era casi como una droga," dijo ella. "Ellos la ansían; ansían el alucinamiento que reciben por la falta de oxígeno."
Gabriel comenzó a jugarlo solo.
"Un día se lo estaba provocando a sí mismo," dijo su hermano. "Él se detuvo porque le dije que iba a decirle a mamá."
A pesar de las numerosas advertencias que le dió Pacatte, dice Sam que Gabriel siguió haciéndolo -- usualmente mientras
su madre estaba en el trabajo.
El día anterior al que falleció Gabriel, ella le preguntó de una marca en su cuello.
"Me miró de una manera un poco extraña y me dijo, 'No te preocupes mamá, no es un beso,'" dijo Pacatte.
La siguiente noche, mientras Pacatte estaba preparando la cena, Sam fué a su cuarto y encontró a su hermano con una
cuerda alrededor de su cuello. Cuando su hermano no le respondió, él le gritó, "Gabe!"
"Cuando llegué a la puerta de la recámara, Samuel estaba al otro lado del cuarto detrás de su hermano," dice Pacatte.
"Él estaba sosteniendo a su hermano bajo sus brazos."
Gabriel fué llevado en helicóptero a un hospital en Sacramento. Sarah y Sam hicieron la difícil jornada de dos horas
en auto.
Ellos rezaron al lado de Gabriel, pero 15 horas más tarde, dice Pacatte, "Él falleció bajo apoyo de vida artificial.
Su cuerpo no respondió."
Pacatte dice que su departamento ahora está muy silencio.
"Es muy difícil ver a Sam estar sin su hermano," dice ella. "Nosotros lo extrañamos mucho."
Aún ella extraña las riñas.
"Extraño sus peleas," dice ella. "Yo daría con gusto mi vida sólo para ver esos niños pelear."
La familia se conforta en las memorias de Gabriel y de las palabras en su diario.
"Yo planeo ir al colegio por cuatro años," Sam lee de los escritos de su hermano. "Yo planeo enviarle a mi mamá como
$500 al mes para ayudarle a mantenerse."
Limpiándose las lágrimas, Pacatte dice que meses después ella aún permanece enojada y lastimada.
"Siento culpa, mucha culpa, porque no salvé a mi bebé," dice ella. "Qué hermoso niño; qué hermoso regalo. Y ahora
él se ha ido."
"En un cerrar de ojos, mi niño se ha ido," dice ella.
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o redistribuido. Associated Press contribuyó en este reporte.